14 Jul Por qué ya no trabajo con cuero animal (y qué encontré al otro lado)
Durante años mis manos conocían el cuero antes que cualquier otra cosa. Sabía colocar cada patrón para aprovechar cada centímetro. Reconocía la calidad y el tipo de cuero al tacto. Sabía distinguir un cuero bueno de uno mediocre, y el animal del que procedía con solo pasarle la mano por encima. Era buena en eso. Y precisamente por eso, con el tiempo, dejé de poder hacerlo. No fue una revelación fulminante. No hubo un momento concreto en que decidí que cambiaba de vida. Fue algo que fue creciendo despacio, como crece cualquier cosa que no puedes seguir ignorando. Cada vez que sostenía una piel en las manos pensaba en el animal que había sido. No con dramatismo — no soy de dramatismos —...