Muchas de nosotras tenemos el armario demasiado lleno de ropa y accesorios que no utilizamos. Ellos también (sí, también existen hombres con mucha ropa en el armario). Las revistas de moda nos hablan del concepto de armario cápsula, muy extendido en los últimos años. Para los que nunca han oído hablar de este concepto, y resumiendo, un armario cápsula es un armario minimalista. Contiene únicamente un pequeño repertorio de unas 40 piezas para vestirte en tu día a día durante una temporada. ¡Sí! ¡En total! En estas 40 piezas se incluyen zapatos y complementos (aunque queda fuera la ropa interior y de deporte, y otras prendas más específicas como vestidos de fiesta o de uso puntual). Cuando lo escuché por primera vez, me pareció...

  Cuando digo edición limitada, lo digo en serio. No es una frase para crear urgencia artificial. No es un truco de marketing para que compres antes de que se te acabe el tiempo. Es simplemente cómo funciona Belén Dols. Cada colección tiene un número cerrado de piezas. Cuando se venden, no hay reposición. Hay varias razones para eso, y creo que merece la pena explicarlas. La primera es que hacerlo así me permite mantener un grado de exclusividad con mis clientas. Deseo que la marca Belén Dols no sea sinónimo de algo industrial, por eso fabrico pocas unidades con mucho cariño, y un resultado de mucha calidad. La segunda tiene que ver con el proceso. Mis bolsos se hacen en talleres artesanales en España. No es...

  Hecho a mano en España. Lo pongo en todos los bolsos. Y no es una etiqueta. Vivimos en un momento en que casi todo lo que se vende tiene alguna versión de esa frase. Hecho con amor. Artesanal. De origen local. La mayoría de las veces son palabras que suenan bien pero que no dicen nada en concreto. Cuando yo digo hecho a mano en España, quiero decir algo específico. Los bolsos de Belén Dols se producen en talleres artesanales en Mallorca y en Cádiz. Son talleres pequeños, con un número limitado de personas trabajando en ellos. Conozco a esas personas. He estado en esos talleres. Sé cómo trabajan y qué estándares tienen. Podría producir más barato en otro sitio. Hay países donde los costes...

  Cuando le digo a alguien que algunos de mis bolsos están hechos con fibra de poda de palmera, hay dos tipos de reacción. La primera: ¿qué? La segunda: ¿en serio? Ambas me gustan. Porque significan que hay algo que explicar. Y cuando hay algo que explicar, hay una historia. La historia es esta. Las palmeras necesitan mantenimiento. Cada año, las hojas secas que rodean el tronco tienen que retirarse para mantener el árbol sano y seguro. Es un trabajo que se hace de forma rutinaria en toda la franja mediterránea española, donde las palmeras forman parte del paisaje de cualquier ciudad o pueblo con costa. Esas hojas, una vez podadas, normalmente se convierten en residuo. Se trituran, se compostan o simplemente se eliminan. Nadie les presta...

Es la pregunta que más me hacen. Y siempre me alegra que la hagan. ¿Huele a manzana? No. ¿Se pudre si se moja? Tampoco. ¿Es resistente de verdad? Sí. Entiendo la confusión. Cuando alguien escucha piel de manzana por primera vez, lo más normal es imaginar algo frágil, orgánico en el sentido más literal, quizás con olor. Algo que claramente no es lo que quieres en un bolso que vas a usar a diario. Pero la piel de manzana no es eso. La piel de manzana, o apple skin como la llaman en inglés, es un material técnico que se fabrica a partir de los residuos del procesado de manzana. Las pieles, las semillas, la pulpa que la industria alimentaria descarta. Lo que normalmente se tira. Esos residuos pasan por...

  Durante años mis manos conocían el cuero antes que cualquier otra cosa. Sabía colocar cada patrón para aprovechar cada centímetro. Reconocía la calidad y el tipo de cuero al tacto. Sabía distinguir un cuero bueno de uno mediocre, y el animal del que procedía con solo pasarle la mano por encima. Era buena en eso. Y precisamente por eso, con el tiempo, dejé de poder hacerlo. No fue una revelación fulminante. No hubo un momento concreto en que decidí que cambiaba de vida. Fue algo que fue creciendo despacio, como crece cualquier cosa que no puedes seguir ignorando. Cada vez que sostenía una piel en las manos pensaba en el animal que había sido. No con dramatismo — no soy de dramatismos —...